Hacia el 20 de mayo de 1762, fue publicado El Emilio o de la Educación, de Juan Jacobo Rousseau. A decir de sus autor la última, la más útil y la más considerable de sus obras y, por supuesto, la más querida.

Un mes después la Alta Cámara del Parlamento, tras la requisitoria de Omar Joly de Fleury, el mismo que persiguió La Enciclopedia, condena a Emilio a “ser lacerado y quemado por el ejecutor de la Alta Justicia” y decreta la detención de sus autor.
El 11 de junio es quemada la obra sobre los escalones de la gran escalera del Palacio de Justicia. El 19, el Consejo de Ginebra secuestra y quema El Contrato Social y al Emilio y también decreta el arresto de su autor, si se presenta a las puertas de la Villa.
Un mes después, el Senado de Berna también dispone a decretar la persecución contra El Emilio y su autor. El 30 de julio los Estados de Holanda secuestran la obra y el editor se retracta publicando El Anti –Emilio.
En agosto, Christophe de Beaumont, arzobispo de París, coloca el libro en el índice y manifiesta:
“libro propio para destruir los fundamentos de la religión cristiana… tendente a perturbar la paz de los estado, a rebelar a los súbitos contra la voluntad de su soberano…”.
¿Cómo explicar todo este proceso persecutorio contra un libro?,¿Contra su autor? ¿Contra su contenido?.
Hay razones diversas, pero sobresale una: el carácter revolucionario de las ideas de Rousseau, en el siglo 18.
La educación, hasta el momento en que aparece El Emilio, tiene en el oscurantismo la verticalidad, el autoritarismo, su base de apoyo. Emilio es su antítesis.
Emilio busca la educación en un ambiente de libertad, de voluntariedad, de conocimiento de la infancia. Reconoce la necesidad de comprender la naturaleza como el primer maestro del hombre, la importancia de formar hombres libres, con una inteligencia corriente, en un ambiente familiar no despótico, en un proceso prolongado de educación de los sentidos.
Conocer al niño para poder educarlo
“Desconocemos a la infancia, y con las falsas ideas que de ella tenemos, cuanto más avanzamos en su conocimiento, más nos desviamos”.
¿En la actualidad, no es esta también una constante?
El desconocimiento de las condiciones y leyes de la infancia es manifiesta en el padre, en la madre y en el maestro. A pesar del avance de la Ciencia, de la Didáctica, de la pedagogía, el niño sigue siendo ese gran desconocido. ¿Qué sabemos del niño, del infante, en cuanto a sus necesidades de conocimiento e información?
En últimas, y para el caso del presente artículo, ¿qué sabemos del niño, para inducirlo a la lectura?
El aprendizaje de la lectura está implícito en el proceso educativo
Es corriente oír y leer sobre la lectura, desvinculándola del proceso educativo en general. Se habla de técnicas de lectura y se enfatiza en la necesidad de aprender a leer y fomentar la lectura en el niño. Ese aislamiento, no se presenta en el trabajo de Rosseau. La lectura es parte del proceso de formación de Emilio. Por ello no resulta extraño que Rosseau dedicara parte de su obra a este tema.
¿Cómo enseñar a leer al niño?
¿Qué importancia tiene el libro?
Son cuestiones que se plantean en El Emilio. Nos detendremos en estos puntos, pero considerando que la lectura, en el trabajo de Rousseau, es solo un medio de educación del hombre libre. Vista la enseñanza de la lectura, dentro de la filosofía de la Educación que el autor nos plantea, tendríamos que reconocer los siguientes aspectos básicos:
-Debe enseñarse a leer al niño en un ambiente de libertad, la lectura deber ser voluntaria.
-La naturaleza, el hombre y las cosas, constituyen el primer libro que el niño abra.
-La lectura es un medio para formar hombres de inteligencia corriente.
-La enseñanza de la lectura en los niños, debe ser ajena al oscurantismo, la verticalidad y el despotismo.
-La enseñanza de la lectura deber ser un proceso prolongado y básicamente, la enseñanza de la lectura debe hacerse a partir de la utilidad que el niño pueda darle.
Enseñar la lectura como un derecho
Rosseau, propone una educación del niño en sus derechos. Según él, es más provechoso enseñar a través de los derechos, que solo por medio de los deberes. Solo cuando el niño comprende sus derechos podrá comprender los deberes.
El derecho se fundamenta en la utilidad y en el placer. “El suprimir de este modo todos los deberes de los niños, -dice el autor- les quitó los instrumentos que les torturan, que son los libros. El azote de la infancia es la lectura y casi la sola ocupación que sabemos darle.
Cuando tenga doce años, Emilio apenas sabrá qué es un libro. Pero aún así, se me objetará, menester será que sepa leer. Convengo en ello, tiene que saber leer, pero cuando le sea útil la lectura, pues pienso que hasta entonces únicamente sirve para aburrirle”.
Enseñar la lectura con base a la utilidad y a la voluntariedad
Los proceso actuales de enseñanza de la lectura, hacen mucho énfasis en las técnicas de lectura. Así se convierten en artimañas de lectura. Artimañas que llevan hasta los extremos de colocarnos en el problema de “cómo enseñar a leer a su bebe”. ¿Se habrá visto un mayor despropósito?, ¿un bebé leyendo?. Y este síndrome de la lectura nos atiborra de tal forma que, nuestros padres modernos desean con ánimo vivo que el niño termine su kinder o preparatorio, los más sensatos, su primer año de primaria, para poder decir ¡mi niño ya sabe leer!